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La Coctelera

Mis circunstancias y yo (ellas primero)

Escribo para exorcizar pensamientos oscuros

Categoría: Diario

5 Agosto 2009

Olas

Vienen y van. Ahora arriba, ahora abajo. A veces ondulantes y a veces afiladas. Como un dolor que viene y se va, no intenso pero sí testarudo. Como la consciencia cuando te mareas, que se va yendo a trocitos acompañada de puntos chispeantes que parecen instalados en tus ojos. Como una sábana extendida entre dos personas a la hora de hacer la cama, provocando viento por debajo.

Vienen y van, las temporadas de bienestar y de ansiedad, de sosiego y de negrura.

Pero esta vez las olas son como de estanque en calma.

Tags: olas

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21 Abril 2009

QUÉ PASARÍA SI MURIERA

 Cometo este ejercicio a sugerencia de César (cuánto le quiero); él piensa que me ayudará a enfrentar ese momento, y yo estoy de acuerdo con él, porque la mejor forma de aceptar algo empieza por enfrentarte a ello.

Por qué uso la palabra cometer, y la pongo en cursiva.

Porque es un atrevimiento. Oso darme la vuelta y enfrentarme al monstruo que me persigue, directamente, cara a cara. Es una osadía que merece ser relacionada con el verbo "cometer", yo lo siento así.

Si yo muriese (¿debería decir "cuando yo muera? No lo creo, porque no sé cuándo sucederá, y me quiero plantear la posibilidad de que sea ahora), yo pasaría del ser al no ser; no sé qué significa realmente esto, porque no sé qué es NO SER, mi experiencia sólo llega al SER, sólo y nada menos. Me pregunto cómo sería la última inspiración, y si la última expiración sería larga. Me pregunto si es doloroso ese último instante, si cuando desenchufo el televisor o cualquier otro aparato eléctrico éste siente algún tipo de "dolor", si cuando la corriente acaba se piensa algo, si ese pensamiento se queda flotando en el aire, si somos energía o sólo somos materia...

Me pregunto qué somos pero intuyo que somos materia, y que todo acaba cuando desenchufamos la máquina. No hay otro sitio mejor que nuestra vida, no hay otro ser que éste. De nada sirve decir que no morimos porque somos energía. No niego que exista la energía, no niego que seamos energía, no niego que la energía nos mueva, y que no se crea ni se destruya sino que se transforma. Pero eso no significa que yo sea quien soy cuando sólo sea energía. O, lo que es lo mismo, cuando exista sólo en el pensamiento de la gente que me quiere. No me sirve de nada seguir estando si sólo (y nada menos) soy energía, si ya no tengo esta frente tan alta, que tanto me acompleja y me caracteriza, estos pechos plenos y tan útiles, si no me destrozo los dedos arrancándome los padrastros o me hago sangre en las costras del cuero cabelludo o río o lloro con la misma intensidad con que lo hago ahora. No me sirve el consuelo de ser energía tras la muerte si no se parece en nada a la energía que soy ahora, antes de esa muerte.

Si muriese mi hijo gritaría muchas veces "¡mami!", al principio sólo insistentemente, luego con impaciencia, luego con miedo, luego se quedaría afónico. Se le quedaría un vacío tan grande dentro que me da miedo sólo pensar en ello. Una tristeza que se queda para siempre ahí. Yo he visto esos ojos de ausencia en dos amigas mías, que perdieron a su madre de forma traumática siendo ya ellas mayores. No olvido sus caras cuando hablan de ella. Sobre todo en una de ellas, Mari Carmen, sus grandes ojos negros más negros aún...

Mi hijo me llamaría muchos días, muchas semanas, muchos meses, muchos años, muchas noches... Lo que más miedo me da es que se le quedara ese vacío en forma de resentimiento, "por qué te fuiste, mamá, por qué me dejaste, tan solo, yo te necesitaba..."; cuando falta la madre a edades tempranas suele pasar eso. No quisiera que mi cachorrillo me echase la culpa por morir; si sucediera de forma imprevista no podría hacer nada, y si fuese una muerte anunciada, prepararía una despedida, una explicación.

Tengo la esperanza, en cambio, de que lograse superar mi muerte sin olvidarme. A veces se borran las caras, pero esa persona siempre está ahí, aunque sea difuminada. Siento que he dejado una huella intensa en mi hijito.

Crecer sin madre... qué triste se me hace, tengo idealizada a la madre a pesar de mi conflictiva relación con la mía. Para mí todo empieza en la madre, la Tierra es nuestra madre, la Madre es una diosa, creamos vida con dolor y amor. Faltarle eso a mi hijo... se me hace muy duro pensar en ello. No tanto por mí... (perderme su primer amor, no llegar a saber si es homo o hetero, si va a ser un buen estudiante, si al final se apoyará en alguna fe religiosa o filosófica, si será rebelde y de derechas, si discutirá mucho con su padre, cuándo se irá de casa... ¡tantas y tantas cosas!) como por él: cuando necesite el apoyo, la comprensión, el AMOR ABSOLUTO E INCONDICIONAL que puede dar una madre, no me va a tener a mí sino a un/a sucedáneo/a... No creo que mi marido se case, pero puede hacerlo, no me importaría, sólo quisiera que fuese para bien. De hecho, me gustaría que mi marido se casase sólo si eso le hiciera más feliz, porque es un hombre solitario. Pero quizás le haga feliz igualmente tener a su hijo, vivir su vida... solo. A pesar de los tópicos al respecto, hay hombres que no necesitan a una mujer al lado. Sólo desearía que mi niño quisiera a su madre postiza, pero sin dejar de quererme. A mí no me importará, claro, yo ya estaré muerta... Es difícil escribir sentimientos sobre la muerte desde el punto de vista de una persona viva. Pero quisiera que cuando él necesitara consuelo, cariño, abrazos, consejo... nunca le faltasen, tanto de su padre como de otras personas.

Quizás a mi entierro sólo fuese mi familia y algún amigo cercano, de los que ya quedan pocos. Pero puede que me equivoque y de pronto y vaya más gente. En todo caso, si algún órgano mío sirve a alguien, que me lo quiten, y que luego me quemen. Lo que hagan con mis cenizas no me importa, dependerá de los deseos de mis seres queridos. ¿Cómo me va a importar si yo ya no voy a ser?

Los que se quedan son los que sufren. Me libera pensar que yo no sufriré, que se acabó comerse el tarro, se acabaron los miedos, la incertidumbre, la hipocondría y la inseguridad. Es el momento en sí el que me aterra, es adelantar el sufrimiento de mi hijo, carne de mi carne y sangre de mi sangre aunque él sea A+ y yo A-, el que me entristece.

Morir significará también no engancharse a más series de televisión, ya no saber cómo acaba "Anatomía de Grey" u "Hospital Central" (¿por qué habré mencionado como ejemplos dos series de hospitales?), no tener ganas de ver "A ciegas" para saber si es fiel a "Ensayo sobre la ceguera", no disfrutar releyendo por enésima vez un libro (que es cuando más placer se siente), no recordar a Malena, que tiene nombre de tango, no poder acabar las novelas policíacas que tengo a medias, no leer más, no escribir más. No acariciar a Tina, no pensar en Platón y preocuparme por sus cacas oscuras. No tenderse más en el sofá, con la mantica, a ver una peli mientras el nene fastidia o duerme. No hacer el amor, no desear volver a ser madre, no traer vida (porque ya no está la vida que la trae). No tener miedo de las cucarachas (liberador, sí señora), no penar cuando mi hijo está solo, no tener que fregar los cacharros, ni planchar ni fregar...

No respirar.

 

                                                                           

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24 Febrero 2009

Cosas de Hugo

 

 

(Curiosa foto de Hugo con 4 meses)

 Quiero ir anotando las cosas que va diciendo Hugo ahora que, lingüísticamente, está floreciendo. Ya que ha tardado tanto en regalarnos sus palabras, merece que no olvidemos sus hitos en este tema.

-Su primera palabra, allá por los 20 meses (tarde) fue "aba" (agua, aunque aplicada a todo líquido).

-La segunda, "cote" (coche), cómo no... Una vez se cabreó porque ni su padre ni yo lo entendíamos cuando decía "colócoté, colócoté". unas semanas después, tras mucho cavilar, llegamos a la conclusión de que había querido decir "con los coches, con los coches".

-Luego dijo "map", refiriéndose al pan o todo alimento...

-El otro día, se montó en uno de esos cacharros que hay para niños, que hay que meter 1 euro para que funcione pero yo lo hago de uvas a peras... E hizo como que conducía. Y cuando bajó dijo: "mamá, he conductado el coche". Me hace gracia, porque normalmente los niños, cuando adquieren su lengua materna, tienden a regularizar los verbos. Hugo ha hecho al contrario, irregularizando un verbo que, siendo irregular, forma el participio de forma regular. Y se ha valido de la raíz de un sustantivo (conductor)...

-Cuando estábamos en París, dijo "este no es mi mundo, París está en una nube, quiero irme a casa".

-Un día soltó "La verdad no existe", afirmación que se ha convertido en mi lema.

-Ayer me dijo que su profe Marisa está malita. Le pregunté qué le dolía a la seño, y me contestó: "le duele todo".

-También ayer me estaba hablando de que su amiga Nicole se había ido del cole, y me decía. "la ha venido a recoger su madre y punto", imitando mi forma de hablar.

-Una vez se paró en medio de la calle para decir "estómago", e ir repitiendo la palabra, como saboreándola, como familiarizándose con ella. Le pasa con muchas palabras. Otra vez le pasó con la palabra "carambola". La repetía y se partía de risa él solo.

-El otro día se inventó una palabra: "caramboche". Y nos la definió: un caramboche es un coche que vuela.

-En vez de decir "quiero contigo" dice "quiero con a ti".

-El otro día le entró hipo de tanto reírse con las cosquilluelas que yo le hacía. Y dijo "para, que ya no quiero que tengo hipo".

-Para él no existe lo "fácil" o lo "difícil", sino lo "fáfil" y lo "difífil".

-Hoy veníamos del cole, y me decía que no se podía pasar por el portal de Mapfre, que hace esquina, le pregunté que por qué, y le dije que es que a mí me gustaba hacerlo, y me responde: "Eso no es razón". Luego más tarde retomamos la conversación, y me dijo que no podía pasar porque "hay monstruos y dragones" (?).

-Hugo anda escatológico. Culo, caca, pedo, pis, son las palabras que "saborea" ahora (menuda gana...), debe de ser la etapa anal freudiana, jajajaja.

-Le gustan mucho los bebés, cuando ve uno por la calle, me avisa siempre, "mira, un bebé". Dice que los bebés dicen palabras GRACIOSAS (bueno, él dice algo así como "garaciosas"), y se ríe con mucha ternura recordando las ocurrencias de Olimpia, mi sobrina, cuando llama "Mingaus" a Micky Mouse, "Kabelles" a Blancanieves, "Blabla" a mí, su tía Laura, o Paco a mi marido Alfonso (debe de recordarle al alguien llamado Paco). Hugo ríe todas esas gracias "de bebé" con una ternura que enternece a su vez.

-Estas fiestas de solsticio de invierno, pero ya más bien para la epifanía, volvimos a estar en París. Llevaba sin hacer caca unos 12 días. Una vez le puse un supositorio, ya desesperada, e intenté que fuera al váter. Pero lloraba y lloraba, como un descosido, con terror, con pánico, gritando ¡¡¡Es complicado hacer caca en parís, es complicado hacer caca en París!!! Me reí para mis adentros a pesar del dramatismo de la escena (es una historia larga que aún no ha acabado). Al final cagó esa noche, por cierto.

-Mi hijo tiene 4 años y ya sabe sumar y restar.

-Es muy observador, ayer miraba a la puerta al salir de casa con mi madre para ir al cole, y volvía a mirar a la del portal... Al final le preguntó: "abuelita, ¿mamá te ha dado unas llaves?". Estaba preocupado por si acaso mi madre se quedaba fuera de casa.

-Aunque su obsesión son los trenes, dibuja cosas como un lápiz escribiendo en un papel, un tarro de miel, un vaso de agua... por cierto, tiene unos lápices de colores grandes, de esos de madera del IKEA... Y también escribe la palabra IKEA cuando dibuja un lápiz escribiendo en un papel, en el que sólo hay letras aleatorias, estilo "EIOUAEE".

-"Mami, de dónde viene la leche?", me preguntó el otro día. He de decir que, cuando ha vuelto de Murcia, después de dos semanas, me ha vuelto a pedir teti. Qué queréis que os diga, no quiero discutir este tema, me limito a respetar sus tiempos, como diré hasta la saciedad. Y si necesita más de eso para estar cerca de su mami, por mucho que parezca raro a la mayoría, no seré yo quien se lo niegue. Le expliqué como pude... Es que lo había visto en un libro, el libro de la vida, lo llama (de esos de Érase una vez la vida, que aún tiene mi madre en su casa). Quiere leer, descubrir, aprender, preguntar, observarlo todo con sus ojos azules. Es un niño encantador. Mágico. Especial. Único (qué obviedades digo, ¿no? Es que necesito decirlas, es lo que siento).

-Me estaba contando unos de sus cuentos, que cuenta últimamente (se los inventa, así como las canciones), y me dijo: "y el niño le dijo que 'vallaba' al cole..."

-Ayer estábamos en la tienda oriental que hay al lado del Simply, pues Alf quería comprar sopas chinas. Y mientras estábamos esperando para pagar, a Hugo se le cayó uno de los M&Ms que se estaba comiendo. Vi cómo lo cogía (le costó atraparlo), y una vez con él en la mano, lo mostró a las chicas que estaban en el mostrador, en plan niño de San Ildefonso. Aún no estoy segura de por qué lo hizo, pero aún me estoy riendo, porque fue muy gracioso verlo con expresión vehemente enseñando el M&M, yo creo que quizás quería enseñárselo a las chicas para que no pensaran que había cogido algo (el muy chorizo, que alguna vez lo hemos pillado saliendo del DÍA con una chocolatina en la mano...), o que había roto algo, que el M&M era SUYO... Qué risa, qué niño más majo y más gracioso y más original, mi pequeño niño de San Ildefonso...

-Como no se acordaba de cómo se va a llamar la nueva primita que va a tener, hermana de Olimpia (y a quien mi hermana Olga quiere llamar Flavia), me dijo que se va a llamar: FRODA. Así que aquí os presento al futuro primo de Froda Bolssom (o como se escriba).

-Anteayer me hice daño con la esquina de un mueble en casa, en el muslo (de hecho, ya tengo el peazo moratón). Cuando Hugo me oyó quejarme, se acercó a mí, me tocó con su manita, diciéndome: "Curita sana, si no se cura hoya se curará mañana", mirándome a los ojos con una dulzura tal que... que se me pasó el dolor antes, claro.

-Ayer se estaba comiendo un bikini de los que le hace su padre con queso fundido y salchichas cortadas por la mitad, pero aún quemaba, y yo estaba en medio y me cayó sobre la pierna un poco de queso caliente (sí, últimamente ando de lo más accidentada), no dolió apenas, pero dije ayssssss, y va él y me toca en la pierna, le pregunto "¿qué haces?" y responde: "Te estoy desquemando".

-Hace unos días me preguntó: "Mamá, ¿cuánto falta para que seas abuela?". "Eso depende de ti", le contesté, y le expliqué cómo sería la cosa más o menos...

-Ayer fuimos a la ciudad, e íbamos en el metro, lo que parece ser que le dio para reflexionar. Me preguntó: "Mami, ¿qué hay dentro de la tierra?". Le contesté que más tierra y que, en ese caso, estaba el metro. Y va y me dice (con cara de entendido en la materia) que es que debajo de la tierra del arenero de su cole es donde está el metro. Me quedé muy sorprendida con esta afirmación. Estábamos saliendo de uno de los trenes, y me dijo: "¿ves, mami?; ahí arriba (señalando al techo) está el arenero de mi cole." He de matizar que su cole está en Las Rozas City, un pueblo a 20 minutos en bus de Madrid. ¡Menudo arenero hay en el cole de mi hijo! ¡Tremendo! jajajaja

Cuando vaya recordando más ocurrencias de este niño que tengo a mi lado tan guapo, bueno, inteligente y sensible, las iré poniendo aquí y en mi blog.

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28 Enero 2009

ESCONDE SIN ORGULLO TU ORGULLOSO AMOR

Porto Maurizio3 gen06 al  El hombre mirando la caida del sol

 Poner toda la esperanza en una mirada, evitar la incomprensión con un abrazo de hombres; de padre a hijo, de hermano a hermano, un primo, un buen amigo, palmadas en la espalda incluidas, no se vayan a creer lo que es y lo que simulan que no es.

En la despedida, todo queda en casa, la pasión del último encuentro antes de partir, el contacto íntimo en todos los rincones, que no quede ni un solo resquicio de tu cuerpo fuera de mi memoria mientras esté lejos. En el aeropuerto más miradas, cuídate, tú también, pensaré en ti en voz muy baja, apenas perceptible para los demás viajeros. Y más miradas que dicen te quiero infinito, qué haré sin ti tanto tiempo, miradas intensas y enormes porque en ellas cabe todo el universo, la inmensidad de un amor orgulloso y escondido, la pasión que se ha quedado en la cama de casa. Y abrazos, no me quiero ir, pero tengo que hacerlo, lo comprendo, te esperaré. Un abrazo último, que rompe, que intenta abarcarlo todo, tocar todo lo posible del ser amado, incluida su alma, no he podido evitar agarrar tu mano entrelezando tus dedos con los míos, espero que nadie nos haya visto...

Una última mirada atrás en la puerta de embarque, y la imagen queda en la retina grabada a fuego.

Estando lejos está la tecnología, el teléfono, internet, Facebook, el MSN. No poder tocarle se me hace un mundo, pero tengo su voz cada día, tengo sus palabras cada vez que enciendo el ordenador, y tengo su recuerdo cada noche.

Y llega el momento en que nos vemos de nuevo. Espero ese día desde hace tiempo, con impaciencia, con ardor, con nerviosismo, con alegría y un poco de inseguridad. En casa me pongo mi mejor camisa, esa que sé que le gusta tanto.

Levantarte ese día con mariposas en el estómago, más pulsaciones que normalmente, ansiedad, expectación y mil cosas más. Coger metro, tren, metro de nuevo, en un viaje eterno, más largo aún que el que te hizo cruzar el charco. En la sala de espera qué fastidio que el avión se retrasa. No puedes esperar más.

Allí sale, con su bolsa de mano, expresión de asombro y ojos de búsqueda. Tan elegante como siempre. Cuando nuestras miradas coinciden algo hace click, algo se encaja de forma natural y todo en el mundo vuelve a su sitio.

El abrazo esperado, deseado, soñado. Un abrazo húmedo de alegría, se escapan incluso carcajadas entre las lágrimas, no hay otra forma de expresar esa felicidad que nace al volver a ver al ser amado.

Maletas, buscar taxi, cuéntame qué tal el viaje, todo esto bebiéndose con los ojos, que lo dicen todo, todo lo que no han podido decir en estos meses de ausencia y más, te veo bien, el deseo surge, pero como no vayamos al aseo o a Chueca a besarnos, difícil lo veo...

En el taxi todo son palabras, como si la conversación pudiese enmascarar esas expresiones de amor que tanto anhelan, o simplemente retenerlas hasta llegar a casa. Qué tal allí, y tu trabajo, la familia, como está la casa; me la estás cuidando bien, ya sabes que sí... Cosas que ya saben pero que conforta volver a decirlas, formar parte del juego que marca la sociedad de la doble moral, mira que si el taxista es un homófobo de esos como en nuestro país, piensa uno, en casa le diré que en este país las cosas son ligeramente más diferentes que allá, que hay que tener cuidado pero menos, barrunta el otro...

Subir las escaleras del portal con urgencia, esperar el ascensor impacientes, espero que no pase un vecino inoportuno... Y cuando las puertas mecánicas se cierran las maletas caen y las dos bocas se buscan como imanes, se hurgan, se redescubren, se prueban y... sabe a gloria. El amor verdadero sabe dulce. Como un pie de merengue y limón.

Esta casa extraña es nuestro paraíso particular, pues es donde podemos despojarnos de los ropajes que nos obligan a llevar, ropajes negros de secretos, de miedos, de incomprensiones. Y ya desnudos somos nosotros mismos, y nos reconocemos y nos entendemos (como dicen aquí), y nos exploramos con fruición, y la pasión por fin se permite entrar en nosotros, y el delirio deja paso tras muchas horas eternas y tan cortas a una PAZ que hay que escribir con mayúscula porque ella misma es mayúscula, porque la sed está saciada por el momento, el hambre ya no agarra el estómago con garras de acero y el corazón late al ritmo del otro corazón, dos corazones gemelos y dos manos agarradas, una estampa de amor después del amor, ni más ni menos.

Y luego ya habrá tiempo de patearse la ciudad, de probar restaurantes, de seguir mirándonos pero de forma pausada, serena, como siempre. Y de seguir hablando... Seguir escuchando esa voz dulce y varonil, lo único que me ha acompañado todo este tiempo.

Pero esconde, esconde sin ningún orgullo ese amor inmenso y orgulloso. Puede que algún día puedas gritarlo al viento. Ese día ha de estar cerca.

 

Este relato viene de una intuición (no tiene otro nombre). Y lo dedico (con todo mi cariño) a alguien que no sabe que se lo dedico, y sólo yo sé quién es esa persona.

Las Rozas, 28 de enero de 2009

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14 Octubre 2008

MIS NOMBRES

Tengo muchos nombres. No sabía que tuviera tantos, pero sí que hay muchos yos dentro de mí, así que tiene su lógica que haya esa cantidad de formas de llamarme...

Casi todo el mundo me llama Laura. Ese es mi nombre más usado. Me gusta. Suena musical, y sabe dulce (y yo soy muy golosa). Es corto, pero llena la boca.

También su significado es bonito: "laurel". El laurel es una planta aromática. Su olor es intenso y con un punto amargo. Se usa como condimento, y a mí me gusta echarlo en las lentejas. Pero también está su lado negro: demasiado laurel puede amargar un caldo... Yo soy así. Muy intensa, pero a veces... demasiado.

Con laurel se coronaba a los triunfadores en la antigua Roma, así que el triunfo es otro de los significados de mi nombre más usado. Aún ando esperando ese triunfo.

Aunque quizás esa espera de hace 4 años fuera el preludio de mi mayor triunfo: dar vida.

Otra de las razones por las que me gusta mi nombre es por la historia que tiene detrás.

Mi madre no tenía claro qué nombre ponerme en el bautizo. Y el sacerdote que me bautizó, amigo de la familia, la sugirió el nombre de Laura. Ese mismo día él bautizaba también a una sobrina, que se llamaría Beatriz. Laura y Beatriz son los amores platónicos. Petrarca amó a Laura y Dante a Beatriz. Así que me gusta decir que mi nombre es muy literario.

Tengo otro nombre, pero es el que odio (y el que viene en mi DNI). nadie me llama así excepto mi madre cuando está enfadada conmigo. Me llamo Laura María como un homenaje a mi abuela materna, María. Pero siempre que oigo ese nombre recuerdo a mi madre gritando: "¡Laura Mª, ven a hacer la cama ahora mismo!" o "¡Laura Mª, quita la lozaaaa!". Y eso me pone de mal humor.

Otro nombre dulce que tengo (me gusta pensar que sigo poseyendo todos mis nombres, aún cuando ya hace tiempo que nadie me llame así) es Baba. Pronúnciese la /b/ apretando labio inferior contra los dientes superiores. Ese nombre evoca en mí a un mañaco de ojazos negros y rizos de color castaño comiendo peras jugosas, empapado en el dulce líquido de la fruta, y llamando a su hermana mayor en su media lengua. Me enternece recordarlo, porque ya hace tiempo que ese bebé pasó a ser el difícil joven del que ahora me siento tan lejos...

Bababaía es una variante de mi nombre odiado. Era lo que yo respondía cuando los mayores me preguntaban cómo me llamaba, teniendo un año. Y vuelvo a evocar. Esta vez recuerdo uno de esos magnetofones antiguos donde mi padre grababa mi voz recitando la Escala de Moss: talco, yeso, calcita, fluorita, apatito, ortosa... Lo que se aprende en esos primeros años nunca se olvida.

Picoleta me lleva a la adolescencia, ese difícil período. Recuerdo la raspa que yo era, con ese abundante pelo, esas gafas de culo de vaso y aquel diente hacia afuera de mi boca, amenazando perpetuamente con taladrar lo que no me gustase... Fue un calvario hasta que las lentillas y el aparato corrector entraron en mi vida, pero recuerdo el mote con cariño. Hasta tenía su apellido, que le daba legitimidad aunque no sea el mío: Picoleta Hernández. Lo revestía de autenticidad.

El hombre que más amé gustaba de llamarme Chiquitina, y aquello me devolvía a la niñez que nunca se quiere abandonar del todo. Es un nombre tierno. También me llamaba Morenita.

Al padre de mi futuro hijo no le deben de gustar otros nombres que los que nos pusieron en el Registro al nacer, y eso que a nuestro hijo Hugo quiere llamarlo Ndugu, un nombre que aparece en la película "A propósito de Schmidt". A veces me llama Pochola, con una torpeza enternecedora...

Mi sobrina de dos años está en plena fase de empezar a hablar en su media lengua. A mí me llama Blabla, y me encanta oírla llamarme: "Blablaaaa, Hugo mi pigaooooo", con una entonación encantadora.

En el trabajo tengo una compañera a la que gusta llamarme como una de las localidades malagueñas en las que tenemos centros médico concertados que derivamos a la gente: Alhaurín de la Torre. Ella me llama Laurín de la Torre, y yo le respondo riendo que, ya que estamos, me llame mejor Laurín la Grande, en referencia al otro pueblo malagueño llamado Alhaurín el Grande.

Estos son mis nombres. Estos son todos mis yos.

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9 Octubre 2008

Soy insignificante

Soy insignificante, lo cual es contradictorio con el hecho de importarme como me importo a mí misma.

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19 Septiembre 2008

Estoy enamorada de cómo escribe una esnob (mierda, qué rabia)

Sí. No sé si llamarlo amor o adicción.

Y la culpa es de Alfonso, mi marido. Él me regaló la primera pieza de adicción, llamada Metafísica de los tubos. Fue empezar a leerla y comenzar a sentir una sed que sólo logro saciar con más palabras suyas...

Se llama Amélie Nothomb, y en estos dos años que hace que conozco sus obras he llegado a conocerla (me refiero a que la tengo calada, no a que la conozca personalmente, obviamente, jaaaarl) hasta el punto de que me cansa, me aburre, me parece hipermegasúper tópica, como personaje, pero... no puedo dejar de beber sus palabras.

¿Qué me da, que me siento así?

Tras Metafísica de los tubos vino Biografía del hambre, y luego Antichrista, y Ácido sulfúrico, y Estupor y temblores, y Diccionario de nombres propios, y Diario de Golondrina, y Atentado... Ahora estoy en mitad de El sabotaje amoroso, que por cierto me está encantando (mierda).

Fijáos, veréis: Esta señorita siempre tiene escrito en las solapas de su biografía en los libros que escribe que "proviene de una antigua familia de Bruselas". Y a mí qué, me gustaría decirle en la cara. A eso yo lo llamo prepotencia, narcisismo, clasismo, complejo de superioridad... La verdad no sé cuál de estas calificaciones le vendría mejor, pues ni de lejos (vaya, que ni la veo en la lontananza) me acerco yo a su facilidad de expresión. Quizás ella misma podría autocalificarse, y lo mismo ya lo ha hecho... Hace un tiempo leí a alguien que comentaba sobre esta cuestión, venía a decir que si acaso ella se creía que las familias de todo hijo de vecino no datan del año la polca, nada menos que del Paleolítico, fíjate tú si son antiguas... Me hizo gracia, la verdad.

Por ahí he leído también que su familia tenía conexiones, o simpatías, con el nazismo... ¿Ves? ahí ya, no me meto. Quien más y quien menos todos tenemos un pasado oscuro, me limito a contarlo como anécdota, es una línea más en el esbozo que trato de hacer al hablar de ella.

Bueno, y atención a esto: ella nunca, ningún día de su vida (desde que aprendió a escribir, se entiende; si no, ya sería el colmo de la excentricidad elevado a la máxima potencia, y ya ES el colmo de la excentricidad siendo como es), ha dejado de escribir. Perdón, lo hizo una vez, cuando cumplió 30. La sola idea de escribir ese día debió de deprimirla, tampoco entiendo por qué.

No obstante, admiro su dedicación y su entrega: se levanta todos los días a eso de las 5 de la mañana, y no perdona un mínimo de 5 horas de trabajo. Al año saca tres libros, de los cuales sólo escoge el que juzga mejor de los tres para publicarlo. Imaginad pues la fertilidad literaria de esta muchacha, ¡ni Lope de vega, carallo!

Por otra parte, nunca he conocido a persona más egocéntrica. Se debe de gustar mucho a sí misma, cosa que por otra parte encuentro bien, sólo que me parece que su narcisismo es excesivo. En la mayor parte de las obras suyas que tengo (publicadas por Anagrama) aparece su fotografía en la portada. Al principio me hizo gracia, luego acaba provocando una dualidad en mí: por una parte me cansa, por otra siento curiosidad por ver nuevas fotos, nuevas posturas suyas, nuevas excentricidades...

La obra de Nothomb que más me ha gustado ha sido Ácido Sulfúrico. Tendré que releer el libro un día de éstos, para poder hacer una crítica como dios manda... Por cierto que ella hace gala en sus novelas autobiográficas, que son muchas, de las pretensiones que siempre ha tenido de ser dios.

También me gusta el que estoy leyendo ahora, autobiográfico. Un libro sobre el amor y sus putadas.

Su escritura es dinámica, subversiva, arrogante (como ella), desafiante, cínica... Es como beberse una limonada muy dulce (aunque nunca calificaría como dulce nada escrito por ella) un día de mucho calor: la bebes rápido, su frescura te irradia el cuerpo, pero... no has acabado de beberla cuando tienes sed de más.

Cuando vamos de paseo al centro de Madrid, no me gusta acercarme a la FNAC, porque, ya que estoy allí, me acerco a ver qué hay de nuevo. Y siempre cae algo. Hubo una temporada en la que me sentí algo a salvo del influjo de esta bruja esnob llamada Amélie, pues en las estanterías sólo había tres libros suyos. Pero últimamente ha habido momentos en los que no daba abasto, he llegado a leer dos libros suyos a la vez, aunque aún espero como agua de mayo La higiene del asesino, su primera obra publicada, que aún no está traducida al español (¿a qué espera Sergi Pàmies?). La tengo en casa en francés, es de Alf. Sólo me queda aprender el idioma o que mi marido me lo traduzca (cosa que ni de coña; ¡si le pido que me traduzca letras de Edith Piaf y no me hace ni caso!).

En definitiva: no me gusta nada Amélie Nothomb, pero me apasionan sus libros y envidio lo prolífico de su obra.

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15 Septiembre 2008

Hoy de improviso me ha asaltado un ligero estado de bienestar

Era en el autobús, yo iba, como cada mañana, hacia mi trabajo, enlatada, con mi mp3, escuchando Meravigliosa Creatura, y luego venía algo de Julieta Venegas. Y de pronto lo he sentido. Me ha llegado por sorpresa, como llegan también los malos momentos, lo que pasa es que estoy más acostumbrada a éstos que a un plácido estado de bienestar (no quisiera llamarlo felicidad, porque no creo que exista algo llamado así).

Era como una corriente de aire cálido y deseado. Venía ligeramente bañado en nostalgia, como un bizcocho borracho, eso he pensado yo, que parecía un bizcocho borracho, y es un buen símil porque he disfrutado de unos segundos de dulzura, como si me estuviera zampando uno.

Fue fugaz, pero ha dejado su huella.

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"He llegado a la casa y he tenido la impresión de que tardo un siglo en llegar, de que tardo un año en subir, de que tardo una hora en entrar y un segundo en verte y reir...." (Silvio Rodríguez, "Como si tú fueras el comunismo")
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