Publicidad:
Terra
La Coctelera

Categoría: Varios

Me gustaría aprender nushu

Desde hace algún tiempo siento cierta curiosidad o cierto interés por las lenguas minoritarias. Mi natural indolencia me impide embarcarme en el estudio de ninguna de las que me han llamado la atención, aunque el aó pasado tuve un conato, al buscar en internet un curso de euskara y emprender algunas lecciones. Pero pronto lo abandoné, quedando sólo algunas expresiones en mi memoria (como la palabra zalantza, que significa "duda" y, además de definirme por entero, provoca en mí dulzura al pronunciarla). Aún así, sigo encontrando admirable que una lengua pueda ser, en nuestros días, de origen ignoto. Es como un pegote, puesto ahí, ploff, en medio de unas montañas, sin relación alguna con lo que se hablaba (y se habla) fuera de esas montañas. No se sabe por qué llegó, cómo llegó, ni de dónde. Todo lo que es un misterio siempre resulta atrayente, y para mí el euskara es misterioso.

Cuando estudiaba la carrera, también leí, en cierta ocasión, cómo había lenguas tan sumamente minoritarias, como una indígena de alguna tribu norteamericana, que sólo hablaban dos hermanas ya (supongo que ahora habrá desaparecido por completo, pues estoy hablando de alrededor de 1993).

Sé que las lenguas son entes vivos, y coo tales nacen, se reproducen y mueren. Pero eso no disminuye mi tristeza al pensar en la muerte de algunas lenguas, supongo que a lo largo de los siglos habremos asistido a muchos óbitos lingüísticos. Pienso en el latín, que pesar de haber muerto debió de ser una lengua querida por sus descendientes (entre ellos nuestro castellano), porque hasta hace bien poco todavía era objeto de estudio obligatorio en los institutos; ahora da pena que sea sólo optativa, eso nos limita el conocimiento sobre nuestra propia lengua, que es como saber poco de nosotros mismos.

Pienso en el indoeuropeo, nuestro más lejano antepasado conocido (aunque también desconocido, pues esta lengua no se conoce tanto como se intuye), del que muy pocos estudiantes deben de conocer siquiera el nombre.

Pienso en el esperanto, un intento de regularizar la lengua, hacerla, de alguna forma, "lógica", que ahí quedó, hablado (o más bien sólo escrito) por un pequeño club selecto.

Pienso en el francés, como ejemplo de lengua actual (por estar estudiándolo en estos momentos), lengua en pleno desarrollo, en plena "juventud creativa", todavía joven para reproducirse, lengua de mayorías.

En cambio dedico mis pensamientos a idiomas como el gaélico o el bretón o el euskera, y me entristece que estén muriendo poco a poco, como símbolos de identidades de pueblos que también mueren de alguna forma ante nuestra impasibilidad. Y me convierto, como defensora de las minorías (mi sino), en una firme abanderada de las lenguas habladas por poca gente.

Pero de todas estas cuestiones y reflexiones que me hago sobre las lenguas, la que más me intriga y fascina es la del nushu.

El nushu es una lengua milenaria, y no hablo de 1000 años, ¡no! Algunas fuentes lo sitúan ¡hace 6000 años! La particularidad del nushu no es su antigüedad, sino que es un lenguaje secreto creado por y para mujeres. La leyenda en torno a este lenguaje (creado en China) cuenta que lo inventó la concubina de un emperador, y aún se conservan textos escritos en este código, que tiene 2000 caracteres.

Uno de estos textos dice: "Deberíamos establecer relaciones de hermanas desde la juventud y comunicarnos a través de la escritura secreta". Otro afirma: "Los hombres se atreven a salir de casa para enfrentarse al mundo exterior, pero las mujeres no son menos valientes al crear un lenguaje que ellos no pueden entender".

Conozco esto gracias a Rosa Montero, cuyo libro "Historias de mujeres" es un referente para mí desde hace años, y al que acudo periódicamente para disfrutar de la relectura (que para mí produce aún más placer que la lectura puesto que lo dobla y triplica), y que siempre recomiendo. En el prólogo de ese libro es donde ella habla del nushu, para ilustrar el recorrido que hemos hecho las mujeres desde que pertenecíamos a sociedades amazonas (donde "mandábamos" nosotras), hasta nuestros días.

El nushu, pues, se me aparece como una lengua fascinante, ingeniosa y muy, muy femenina. La esencia de la femineidad, y un resultado de la inteligencia de la mujer, porque no es por nada, pero, al hecho de ser diosas (creamos vida al gestar), hay que unir lo capaces que somos en muchos aspectos de la vida, en cosas en las que damos muchas vueltas a los hombres (aquí ha salido mi vena feminista con una pizca de retrofeminismo). El lenguaje, tradicionalmente, siempre ha sido uno de esos aspectos. Y la existencia del nushu es una prueba de ello.

Por desgracia, en 2009 murió la última mujer que conocía este idioma, aunque supongo y espero que se hayan recogido las transcripciones de la caligrafía nushu (¡han tenido 6000 años para hacerlo!), para que de alguna forma esta forma de comunicarse, única en el mundo, siga perviviendo al menos un poquito más.

Me gustaría aprender nushu. A 10000 km y 6000 años de distancia de las primeras mujeres que lo escribieron, una humilde hermana como yo quisiera acceder a un lenguaje secreto que une a las mujeres y por consiguiente las hace más poderosas.

67

"Me estoy atando los zapatos, contento, silbando, y de pronto la infelicidad. Pero esta vez te pesqué, angustia, te sentí previa a cualquier organización mental, al primer juicio de negación. Como un color gris que fuera un dolor y fuera el estómago. Y casi a la par ( pero después, esta vez no me engañás) se abrió paso el repertorio inteligente, con una primera idea explicatoria: "Y ahora vivir otro día, etc." De donde sigue: "Estoy angustiado porque... etc."
Las ideas a vela, impulsadas por el viento primordial que sopla desde abajo (pero abajo es sólo una localización física). Basta un cambio de brisa (¿pero qué es lo que cambia de cuadrante?) y al segundo están aquí las barquitas felices, con sus velas de colores. "Después de todo no hay razón para quejarse, che", ese estilo.

Me desperté y vi la luz del amaneer en las mirillas de la persiana. Salía de tan adentro de la noche que tuve como un vómito de mí mismo, el espanto de asomar a un nuevo día con su misma presentación, su indiferencia mecánica de cada vez: conciencia, sensación de luz, abrir los ojos, persiana, el alba.
En ese segundo, con la omnisciencia del semisueño, medí el horror de lo que tanto maravilla y encanta a las religiones: la perfección eterna del cosmos, la revolución inacabable del globo sobre su eje. Náusea, sensación insoportable de coacción. Estoy obligado a tolerar que el sol salga todos los días. Es monstruoso. Es inhumano.
Antes de volver a dormirme imaginé (vi) un universo plástico, cambiante, lleno de maravilloso azar, un cielo elástico, un sol que de pronto falta o se queda fijo o cambia de forma.
Ansié la dispersión de las duras constelaciones, esa sucia propaganda luminosa del Trust Divino Relojero."

(Julio Cortázar, "Rayuela", Capítulo 67)

MÍRALO ÉL

Salgo pitando de casa, llego tarde a mi cita con el rehabilitador, menos mal que está muy cerca.

Por el camino, paso por su cole justo cuando toca la sirena del recreo. Me acerco a la verja, y... ahí está, a lo lejos, lo reconozco por su camiseta verde y sus andares de «cadera en anteversión», torpes y personalísimos. Lo observo deambular, y temo que esté solo, porque es su tendencia natural, lo que más le gusta de los recreos es cuando tiene tiempo para pensar en sus cosas, en sus «capítulos», como él los llama, y a mí no me gusta que se quede en su mundo. Pero veo que tiene a sus amigos alrededor, algunos deambulando como él, como islas humanas en el océano de su patio colegial.

Míralo él, cómo sostiene en una mano el paquete de galletas que le he puesto para el recreo. Sus galletas de dinosaurio, este hijo mío, qué mal me come. Mi boca se llena de ternura, un sentimiento parecido a una descarga pero mucho más blandito, que poco a poco invade todo mi cuerpo de madre. Ahí está mi niño, comiéndose las galletas de dinosaurio que yo, su madre, he puesto en su cartera. Se me hace raro pensar en eso, es una sensación extraña, como si me saliera de mí misma y viera con estupor que soy mamá, coño, mamá... una palabra que en su día fue tan lejana, y aquí estoy, con un niño de siete años que recibe nuestro amor y nuestra protección con total naturalidad; aquí estoy, deseando lo mejor para él, deseando que sea feliz, sabiéndome condenada a reír su risa y llorar su llanto para toda la vida ya, y sabiendo que es una dulce condena.

Míralo él, el niño dulce y especial y bueno y guapo. Y tierno. Me despego con esfuerzo de la verja y sigo camino del rehabilitador. Cuando llego, le cuento por qué he llegado tarde: se me ha ido el santo al cielo mirándolo en el recreo. Míralo él.

LOS CAPÍTULOS DE HUGO

Hoy, mientras comía con Hugo en un MacDonald's tras haber estado en el médico en Madrid, he descubierto por qué en algunos recreos no quiere jugar con sus amigos, y prefiere quedarse a solas consigo mismo.

Él estaba muy elocuente, y me lo ha contado todo, ante mi asombro: juega a LOS CAPÍTULOS DE HUGO.

LOS CAPÍTULOS DE HUGO son varios, y me los ha ido enumerando y describiendo mientras yo apuntaba encantada en mi agenda. Son los siguientes:

-Día de las canciones: en esos días, simplemente, canta. Pueden ser canciones que se inventa, o una de Bob Esponja que le gusta especialmente y que se llama "Todo es especial", o puede ser de las de Mario Bros.

-Día de las tropezadas invisibles: él imagina que es una momia, con los ojos cerrados, y va moviéndose, y no tropieza. l día acaba cuando se duerme.

-Día de los saltos acrobáticos: empieza al despertar, y acaba cuando se va a dormir, y consiste en saltar, y saltar y saltar; yo observo que lo hace mucho, una vez le pregunté por qué lo hacía, y me respondió que lo hace cuando está contento. Y hoy precisamente he leído en un libro que saltar ayuda a la felicidad y al bienestar. Así que pienso que Hugo es un ser muy sabio, que ha descubierto uno de los secretos de la felicidad, algo tan simple como saltar. Qué gracioso, eso lo iguala a François Mauriac, un escritor francés y Premio Nobel de Literatura en 1952, que también saltaba cada día frente al espejo. Si cuando yo digo que Hugo es especial, es por algo...

-Día de los saltos bombas en la cabina del fútbol: es una variación del capítulo anterior, sólo que en las porterías de fútbol que hay en su cole.

-Día de pintar comecocos: ese día intenta conseguir papel y lápiz, y dibuja. Lo de los comecocos es lo que ahora le da por hacer, pero imagino que en otras ocasiones habrán sido otros los temas.

-Día de aventura en Madrid: yo creo que este ya lo ha improvisado, pero ha sido el día de hoy, que hemos pasado en Madrid; desde el viaje en autobús y metro, hablando conmigo, hasta la espera en el hospital, pasando por su charla con la Dra., la comida en el MacDonald's...

-Día de la pata coja: ese es un plan, que es el de saltar a la pata coja cuando esté en Murcia, en casa de su prima Olimpia, en su habitación (no sé por qué ha elegido ese entorno en particular, pero me da igual, me parece igual de encantador).

-Día de correr despacito: eso será cuando esté en la estación de tren (da igual cuál), que empezará a correr... así, mami... y me lo ha mostrado, como a cámara lenta.

Mientras estábamos hablando de todo esto, se me ocurrió que podíamos hacer más capítulos, así que ideamos varios más:

-Llegada del tren a casa: se le ha ocurrido a él, es simplemente pensar en cuando hagamos el viaje. No sé cómo enfocar éste, pero ya se me ocurrirá algo.

-De dónde venimos: este es ya antiguo, lo he propuesto yo, a raíz de cuando, más pequeño, me contaba que los niños no vienen de París ni nada de eso, sino que vienen de la luna. Y de la luna caen a dentro de la tripa de mamá.

-La peli de "Río": este, claro, se le ha ocurrido a él, que está muy ilusionado desde que fuimos al cine a ver esa peli. Y cuenta el día entero.

-Juegos enviciados: este también se le ha ocurrido a él, y a mí me encanta, porque va de cuando juega a la Wii, que le ponemos tiempo (1/2 hora o una hora), con un medidor de esos, y cuando éste suena tiene que parar de jugar, y a veces se queda más tiempo, rogando unos minutos más. Esto es buen material para un relato...

Ando ya hace tiempo detrás de hacer alguna cosa para niños, y que la ilustre mi amiga Gabriela, una artistaza. Y, hete aquí que mi inspiración ha sido mi hijo. ¡No podía ser menos!

YO TE PROTEJO

Yo te protejo, y tú lo sabes. Cuando vienen los amigos de Hugo, los hay que pasan, pero algunos te quieren buscar. Hoy ha venido uno, en concreto, al que le encantas. Pero tú tienes ya 12 años (en gato, es ser más viejo que en persona) y no tienes ganas de lidiar con un niño de 6 años lleno de actividad. Así que te has escondido, pero no te ha dado tiempo a hacerlo en sitio seguro, sino que lo has hecho tras el sofá, medio debajo de la funda... y claro, como tus años de vejez te han traído kilos de más, tienes medio cuerpo fuera. Pero ahí estás, calladita, intentando nos respirar muy fuerte no sea que el amigo de Hugo te oiga.

Y él pregunta por ti, y yo, que sé dónde estás, juego al despiste, hago como que te busco en otros sitios, y finalmente le digo que te habrás ido a dar una vuelta... tú, que nunca saliste de casa.

Yo te protejo, Cristina. Te lo prometí cuando apenas cabías en mi mano. Y yo siempre cumplo mis promesas.

Mi amiga imaginaria

Mi amiga imaginaria siempre quiere estar conmigo, no puede vivir sin mí. De hecho esto es rigurosamente cierto: sin mí imaginándola, ella no sería nada.

Lo que pasa es que a mí ya me cansa, e incluso me asusta un poco. Porque verdaderamente no soporta verme con nadie que no sea ella; quiere exclusividad. Sólo ella.

Cuando alguien muestra algún interés por lo que soy... allí surge ella, tras una esquina, acechando con una carta ofensiva, con una idea transgresora y polémica, con palabras de hiel.

El interés puede ser por esa forma que tengo de mirar; llama la atención porque miro de reojo y mis ojos son saltones. Pero sea lo que sea, allí está ella, con su mirada más despistada y sus ojos más saltones aún. O puede que les guste mi sonrisa insegura, porque les hace ser más seguros a ellos... hasta que ella aparece de detrás de aquella esquina y mi sonrisa desaparece. Siempre lo mismo, estoy cansada de sentirla al acecho...
La gente pensará que por qué la imagino si me molesta tanto. No sé, es un quiero y no puedo, es un amor y es un odio. Supongo que de alguna forma yo también la busco, he creado un monstruo y no sé cómo destruirlo. Ella lo sabe, y se alimenta de mi imaginación y se regocija con mis contradicciones, porque la hacen más viva.

Algún día mi amiga imaginaria me suplantará del todo, y entonces estaré perdida.

No quiero quedarme a solas conmigo misma.

HORROR VACUI (O SÔLITÛDINI).

Ojalá

 

"Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda, para que no los puedas convertir en cristal"

 

                                                                    "Ojalá" (Silvio Rodríguez)

 

Te encontré. Encontré tus ojos mirándome desde una foto. Y no habría esperado encontrarte, así que di un grito cuando mis ojos se encontraron con los tuyos.

 

Diez años. Diez años sin verte, sin apenas pensar en ti. En estos diez años, poco a poco tu recuerdo ha ido dejando de doler, supongo que es lo natural, supongo que he de agradecerte que no quisieras nada conmigo...

 

Has sido el amor de mi vida, pero, cada vez que miraba una foto tuya, nuestra, del pasado, mi corazón no lloraba, porque tú y sólo tú conseguiste que éste dejara de sentir lo que sintió por ti en su día. He llegado a sentir más dolor lacerando mis entrañas mientras miraba fotos de mi estancia en Inglaterra que contemplando retazos de esos escasos cuatro años en los que tanto nos quisimos. Porque... nos quisimos, ¿verdad?

 

Por mi parte no he vuelto a sentir esa pasión, ese sentimiento completo y a la vez mutilante. Pero estoy conforme. Siento un amor tranquilo junto a mi compañero de vida, y éste me ha regalado un amor inesperado, un torrente que fluye dulce, mi hijo de cinco años, que es la primera persona que me quiere como soy, a pesar de ser como soy. Con él he aprendido que el amor de una madre es único, mágico e infinito.

 

Pero al mirarte de improviso, he gritado, y mis ojos se han llenado de lágrimas. ¿Lágrimas con sabor a pasado, a resentimiento, a nostalgia, a desamor?

 

Qué más da, ha sido sólo un momento. En seguida he vuelto a tus ojos, y he observado sin inmutarme que estás más gordo, y que sigues siendo feo. Cuando te quería, reconocía que eras feo, pero adoraba tu nariz, ella sola, y tus manos delicadas, ellas solas, y tu voz profunda y tu olor a limpio envuelto en Old Spice. Y todo eso junto eras tú, un hombre feo, pero adorado por mí, eso no podía dejar de reconocerlo.

 

Ahora he mirado tus ojos saltones (esta vez bajo unas gafas más modernas), tus cejas espesas, tu sonrisa sardónica, una camiseta naranja y leyendo un periódico... y no he podido reconocer en ti al hombre que tanto amé, a aquel que secó mi corazón cuando se fue de mi lado.

 

Me alegro de ello, aunque admito que hoy, día 25 de enero de 2010, diez años después de que me dejaras, hoy, he quedado marcada.

 

No puedo negar que has formado parte de mí, y me pregunto, y nunca dejaré de preguntármelo, si alguna vez tú has pensado lo mismo. Independientemente de las vidas que ambos llevamos ahora, en mi caso una vida feliz y plena, en tu caso he de suponer que también, pues supe que te habías casado muy poco después de dejarme.

Sólo deseo, parafraseando al poeta, que ... "ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz".