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La Coctelera

Mis circunstancias y yo (ellas primero)

Escribo para exorcizar pensamientos oscuros

19 Septiembre 2008

Estoy enamorada de cómo escribe una esnob (mierda, qué rabia)

Sí. No sé si llamarlo amor o adicción.

Y la culpa es de Alfonso, mi marido. Él me regaló la primera pieza de adicción, llamada Metafísica de los tubos. Fue empezar a leerla y comenzar a sentir una sed que sólo logro saciar con más palabras suyas...

Se llama Amélie Nothomb, y en estos dos años que hace que conozco sus obras he llegado a conocerla (me refiero a que la tengo calada, no a que la conozca personalmente, obviamente, jaaaarl) hasta el punto de que me cansa, me aburre, me parece hipermegasúper tópica, como personaje, pero... no puedo dejar de beber sus palabras.

¿Qué me da, que me siento así?

Tras Metafísica de los tubos vino Biografía del hambre, y luego Antichrista, y Ácido sulfúrico, y Estupor y temblores, y Diccionario de nombres propios, y Diario de Golondrina, y Atentado... Ahora estoy en mitad de El sabotaje amoroso, que por cierto me está encantando (mierda).

Fijáos, veréis: Esta señorita siempre tiene escrito en las solapas de su biografía en los libros que escribe que "proviene de una antigua familia de Bruselas". Y a mí qué, me gustaría decirle en la cara. A eso yo lo llamo prepotencia, narcisismo, clasismo, complejo de superioridad... La verdad no sé cuál de estas calificaciones le vendría mejor, pues ni de lejos (vaya, que ni la veo en la lontananza) me acerco yo a su facilidad de expresión. Quizás ella misma podría autocalificarse, y lo mismo ya lo ha hecho... Hace un tiempo leí a alguien que comentaba sobre esta cuestión, venía a decir que si acaso ella se creía que las familias de todo hijo de vecino no datan del año la polca, nada menos que del Paleolítico, fíjate tú si son antiguas... Me hizo gracia, la verdad.

Por ahí he leído también que su familia tenía conexiones, o simpatías, con el nazismo... ¿Ves? ahí ya, no me meto. Quien más y quien menos todos tenemos un pasado oscuro, me limito a contarlo como anécdota, es una línea más en el esbozo que trato de hacer al hablar de ella.

Bueno, y atención a esto: ella nunca, ningún día de su vida (desde que aprendió a escribir, se entiende; si no, ya sería el colmo de la excentricidad elevado a la máxima potencia, y ya ES el colmo de la excentricidad siendo como es), ha dejado de escribir. Perdón, lo hizo una vez, cuando cumplió 30. La sola idea de escribir ese día debió de deprimirla, tampoco entiendo por qué.

No obstante, admiro su dedicación y su entrega: se levanta todos los días a eso de las 5 de la mañana, y no perdona un mínimo de 5 horas de trabajo. Al año saca tres libros, de los cuales sólo escoge el que juzga mejor de los tres para publicarlo. Imaginad pues la fertilidad literaria de esta muchacha, ¡ni Lope de vega, carallo!

Por otra parte, nunca he conocido a persona más egocéntrica. Se debe de gustar mucho a sí misma, cosa que por otra parte encuentro bien, sólo que me parece que su narcisismo es excesivo. En la mayor parte de las obras suyas que tengo (publicadas por Anagrama) aparece su fotografía en la portada. Al principio me hizo gracia, luego acaba provocando una dualidad en mí: por una parte me cansa, por otra siento curiosidad por ver nuevas fotos, nuevas posturas suyas, nuevas excentricidades...

La obra de Nothomb que más me ha gustado ha sido Ácido Sulfúrico. Tendré que releer el libro un día de éstos, para poder hacer una crítica como dios manda... Por cierto que ella hace gala en sus novelas autobiográficas, que son muchas, de las pretensiones que siempre ha tenido de ser dios.

También me gusta el que estoy leyendo ahora, autobiográfico. Un libro sobre el amor y sus putadas.

Su escritura es dinámica, subversiva, arrogante (como ella), desafiante, cínica... Es como beberse una limonada muy dulce (aunque nunca calificaría como dulce nada escrito por ella) un día de mucho calor: la bebes rápido, su frescura te irradia el cuerpo, pero... no has acabado de beberla cuando tienes sed de más.

Cuando vamos de paseo al centro de Madrid, no me gusta acercarme a la FNAC, porque, ya que estoy allí, me acerco a ver qué hay de nuevo. Y siempre cae algo. Hubo una temporada en la que me sentí algo a salvo del influjo de esta bruja esnob llamada Amélie, pues en las estanterías sólo había tres libros suyos. Pero últimamente ha habido momentos en los que no daba abasto, he llegado a leer dos libros suyos a la vez, aunque aún espero como agua de mayo La higiene del asesino, su primera obra publicada, que aún no está traducida al español (¿a qué espera Sergi Pàmies?). La tengo en casa en francés, es de Alf. Sólo me queda aprender el idioma o que mi marido me lo traduzca (cosa que ni de coña; ¡si le pido que me traduzca letras de Edith Piaf y no me hace ni caso!).

En definitiva: no me gusta nada Amélie Nothomb, pero me apasionan sus libros y envidio lo prolífico de su obra.

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"He llegado a la casa y he tenido la impresión de que tardo un siglo en llegar, de que tardo un año en subir, de que tardo una hora en entrar y un segundo en verte y reir...." (Silvio Rodríguez, "Como si tú fueras el comunismo")
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