QUÉ PASARÍA SI MURIERA
Cometo este ejercicio a sugerencia de César (cuánto le quiero); él piensa que me ayudará a enfrentar ese momento, y yo estoy de acuerdo con él, porque la mejor forma de aceptar algo empieza por enfrentarte a ello.
Por qué uso la palabra cometer, y la pongo en cursiva.
Porque es un atrevimiento. Oso darme la vuelta y enfrentarme al monstruo que me persigue, directamente, cara a cara. Es una osadía que merece ser relacionada con el verbo "cometer", yo lo siento así.
Si yo muriese (¿debería decir "cuando yo muera? No lo creo, porque no sé cuándo sucederá, y me quiero plantear la posibilidad de que sea ahora), yo pasaría del ser al no ser; no sé qué significa realmente esto, porque no sé qué es NO SER, mi experiencia sólo llega al SER, sólo y nada menos. Me pregunto cómo sería la última inspiración, y si la última expiración sería larga. Me pregunto si es doloroso ese último instante, si cuando desenchufo el televisor o cualquier otro aparato eléctrico éste siente algún tipo de "dolor", si cuando la corriente acaba se piensa algo, si ese pensamiento se queda flotando en el aire, si somos energía o sólo somos materia...
Me pregunto qué somos pero intuyo que somos materia, y que todo acaba cuando desenchufamos la máquina. No hay otro sitio mejor que nuestra vida, no hay otro ser que éste. De nada sirve decir que no morimos porque somos energía. No niego que exista la energía, no niego que seamos energía, no niego que la energía nos mueva, y que no se crea ni se destruya sino que se transforma. Pero eso no significa que yo sea quien soy cuando sólo sea energía. O, lo que es lo mismo, cuando exista sólo en el pensamiento de la gente que me quiere. No me sirve de nada seguir estando si sólo (y nada menos) soy energía, si ya no tengo esta frente tan alta, que tanto me acompleja y me caracteriza, estos pechos plenos y tan útiles, si no me destrozo los dedos arrancándome los padrastros o me hago sangre en las costras del cuero cabelludo o río o lloro con la misma intensidad con que lo hago ahora. No me sirve el consuelo de ser energía tras la muerte si no se parece en nada a la energía que soy ahora, antes de esa muerte.
Si muriese mi hijo gritaría muchas veces "¡mami!", al principio sólo insistentemente, luego con impaciencia, luego con miedo, luego se quedaría afónico. Se le quedaría un vacío tan grande dentro que me da miedo sólo pensar en ello. Una tristeza que se queda para siempre ahí. Yo he visto esos ojos de ausencia en dos amigas mías, que perdieron a su madre de forma traumática siendo ya ellas mayores. No olvido sus caras cuando hablan de ella. Sobre todo en una de ellas, Mari Carmen, sus grandes ojos negros más negros aún...
Mi hijo me llamaría muchos días, muchas semanas, muchos meses, muchos años, muchas noches... Lo que más miedo me da es que se le quedara ese vacío en forma de resentimiento, "por qué te fuiste, mamá, por qué me dejaste, tan solo, yo te necesitaba..."; cuando falta la madre a edades tempranas suele pasar eso. No quisiera que mi cachorrillo me echase la culpa por morir; si sucediera de forma imprevista no podría hacer nada, y si fuese una muerte anunciada, prepararía una despedida, una explicación.
Tengo la esperanza, en cambio, de que lograse superar mi muerte sin olvidarme. A veces se borran las caras, pero esa persona siempre está ahí, aunque sea difuminada. Siento que he dejado una huella intensa en mi hijito.
Crecer sin madre... qué triste se me hace, tengo idealizada a la madre a pesar de mi conflictiva relación con la mía. Para mí todo empieza en la madre, la Tierra es nuestra madre, la Madre es una diosa, creamos vida con dolor y amor. Faltarle eso a mi hijo... se me hace muy duro pensar en ello. No tanto por mí... (perderme su primer amor, no llegar a saber si es homo o hetero, si va a ser un buen estudiante, si al final se apoyará en alguna fe religiosa o filosófica, si será rebelde y de derechas, si discutirá mucho con su padre, cuándo se irá de casa... ¡tantas y tantas cosas!) como por él: cuando necesite el apoyo, la comprensión, el AMOR ABSOLUTO E INCONDICIONAL que puede dar una madre, no me va a tener a mí sino a un/a sucedáneo/a... No creo que mi marido se case, pero puede hacerlo, no me importaría, sólo quisiera que fuese para bien. De hecho, me gustaría que mi marido se casase sólo si eso le hiciera más feliz, porque es un hombre solitario. Pero quizás le haga feliz igualmente tener a su hijo, vivir su vida... solo. A pesar de los tópicos al respecto, hay hombres que no necesitan a una mujer al lado. Sólo desearía que mi niño quisiera a su madre postiza, pero sin dejar de quererme. A mí no me importará, claro, yo ya estaré muerta... Es difícil escribir sentimientos sobre la muerte desde el punto de vista de una persona viva. Pero quisiera que cuando él necesitara consuelo, cariño, abrazos, consejo... nunca le faltasen, tanto de su padre como de otras personas.
Quizás a mi entierro sólo fuese mi familia y algún amigo cercano, de los que ya quedan pocos. Pero puede que me equivoque y de pronto y vaya más gente. En todo caso, si algún órgano mío sirve a alguien, que me lo quiten, y que luego me quemen. Lo que hagan con mis cenizas no me importa, dependerá de los deseos de mis seres queridos. ¿Cómo me va a importar si yo ya no voy a ser?
Los que se quedan son los que sufren. Me libera pensar que yo no sufriré, que se acabó comerse el tarro, se acabaron los miedos, la incertidumbre, la hipocondría y la inseguridad. Es el momento en sí el que me aterra, es adelantar el sufrimiento de mi hijo, carne de mi carne y sangre de mi sangre aunque él sea A+ y yo A-, el que me entristece.
Morir significará también no engancharse a más series de televisión, ya no saber cómo acaba "Anatomía de Grey" u "Hospital Central" (¿por qué habré mencionado como ejemplos dos series de hospitales?), no tener ganas de ver "A ciegas" para saber si es fiel a "Ensayo sobre la ceguera", no disfrutar releyendo por enésima vez un libro (que es cuando más placer se siente), no recordar a Malena, que tiene nombre de tango, no poder acabar las novelas policíacas que tengo a medias, no leer más, no escribir más. No acariciar a Tina, no pensar en Platón y preocuparme por sus cacas oscuras. No tenderse más en el sofá, con la mantica, a ver una peli mientras el nene fastidia o duerme. No hacer el amor, no desear volver a ser madre, no traer vida (porque ya no está la vida que la trae). No tener miedo de las cucarachas (liberador, sí señora), no penar cuando mi hijo está solo, no tener que fregar los cacharros, ni planchar ni fregar...
No respirar.


JARA dijo
!TE QUIERO!
Eres mi orgullo y doy gracias al cielo por permitirme leer tus pensamientos
27 Abril 2009 | 10:14 PM