"Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda, para que no los puedas convertir en cristal"
"Ojalá" (Silvio Rodríguez)
Te encontré. Encontré tus ojos mirándome desde una foto. Y no habría esperado encontrarte, así que di un grito cuando mis ojos se encontraron con los tuyos.
Diez años. Diez años sin verte, sin apenas pensar en ti. En estos diez años, poco a poco tu recuerdo ha ido dejando de doler, supongo que es lo natural, supongo que he de agradecerte que no quisieras nada conmigo...
Has sido el amor de mi vida, pero, cada vez que miraba una foto tuya, nuestra, del pasado, mi corazón no lloraba, porque tú y sólo tú conseguiste que éste dejara de sentir lo que sintió por ti en su día. He llegado a sentir más dolor lacerando mis entrañas mientras miraba fotos de mi estancia en Inglaterra que contemplando retazos de esos escasos cuatro años en los que tanto nos quisimos. Porque... nos quisimos, ¿verdad?
Por mi parte no he vuelto a sentir esa pasión, ese sentimiento completo y a la vez mutilante. Pero estoy conforme. Siento un amor tranquilo junto a mi compañero de vida, y éste me ha regalado un amor inesperado, un torrente que fluye dulce, mi hijo de cinco años, que es la primera persona que me quiere como soy, a pesar de ser como soy. Con él he aprendido que el amor de una madre es único, mágico e infinito.
Pero al mirarte de improviso, he gritado, y mis ojos se han llenado de lágrimas. ¿Lágrimas con sabor a pasado, a resentimiento, a nostalgia, a desamor?
Qué más da, ha sido sólo un momento. En seguida he vuelto a tus ojos, y he observado sin inmutarme que estás más gordo, y que sigues siendo feo. Cuando te quería, reconocía que eras feo, pero adoraba tu nariz, ella sola, y tus manos delicadas, ellas solas, y tu voz profunda y tu olor a limpio envuelto en Old Spice. Y todo eso junto eras tú, un hombre feo, pero adorado por mí, eso no podía dejar de reconocerlo.
Ahora he mirado tus ojos saltones (esta vez bajo unas gafas más modernas), tus cejas espesas, tu sonrisa sardónica, una camiseta naranja y leyendo un periódico... y no he podido reconocer en ti al hombre que tanto amé, a aquel que secó mi corazón cuando se fue de mi lado.
Me alegro de ello, aunque admito que hoy, día 25 de enero de 2010, diez años después de que me dejaras, hoy, he quedado marcada.
No puedo negar que has formado parte de mí, y me pregunto, y nunca dejaré de preguntármelo, si alguna vez tú has pensado lo mismo. Independientemente de las vidas que ambos llevamos ahora, en mi caso una vida feliz y plena, en tu caso he de suponer que también, pues supe que te habías casado muy poco después de dejarme.
Sólo deseo, parafraseando al poeta, que ... "ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz".


Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados