Y de repente, zas
Estabas tan tranquila, bromeando con las colegas, trabajando a gusto, pensando en tu hijo, que tiene hoy cita en el médico, en tu marido, con el que estás medio picada por un tema doméstico. Pensando en el fondo que no tienes una mala vida, que tienes una familia, que la quieres, que tienes salud; pensando con ilusión en que tu madre llegará en unos días para estar un tiempo con vosotros, pensando que ya tienes ganas de vacaciones, que tienes sueño, que esta noche te acostarás antes, que el nene anda malhumorado últimamente pero será una racha porque él también tiene sus días. Pensando en tu cita con el médico esta tarde, una cita importante para ti. Pensando en tus pequeños placeres cotidianos, como leer el libro que tienes entre manos, dar un beso apretado a tu hijo en el moflete, hablar con tu hermana por teléfono y comerte una chocolatina a escondidas, por lo de la “operación bañador”.
Estás tan tranquila, viviendo tu vida…
Y de repente, zas, ves una foto y de golpe y porrazo tu mente viaja a hace nueve años, cuando tu hijo no existía ni siquiera en el pensamiento, cuando vivías otras vidas, más o menos queridas…
Y de repente, zas, tu humor cambia, te vuelves taciturna, te viertes hacia adentro, te pones nerviosa cuando miras la foto, quieres acabar con el perro para acabar con la rabia y haces algo que puede ayudar a eso. E incluso miras la foto y dices “¿cómo pudo pasar? No vale nada… Aunque era agradable.”, y la repasas con la frialdad de un espectador, como si nunca te hubiera tocado, como si nunca hubieras temblado bajo sus manos… Pero aún así… guardas la foto.
Y de repente, zas. Una foto te entristece el día.
(16/6/2010)

metanoia dijo
Así es, y también eso nos recuerda que el amor se renueva cada día en el esfuerzo diario por concretarlo en aquello que tienes, que al tiempo que te limita, te concreta y te invita a descubrir toda la belleza de lo cotidiano y cercano... Que la visita al médico haya sido para bien.
1 Julio 2010 | 08:52 AM