5 FRANCOS BELGAS
Érase una vez una moneda dorada que nació en una casa cualquiera de una ciudad cualquiera en Bélgica. Era una moneda de 5 francos,- con 5 francos se puede comprar un caramelo de menta, una golosina en forma de nube rosa y poco más-, acuñada con primor pero con la misma exactitud matemática que sus hermanas.
Finalizada la acuñación, hecha un día cualquiera de un año cualquiera (aunque es muy probable que fuese 1993), fue trasladada de lugar junto con sus hermanas monedas y hermanos billetes.
Era una moneda sencilla y a la vez hermosa. Su cara era la de un señor; un señor cualquiera, aunque con cierta probabilidad era un señor importante en aquel país. Su cruz tenía un 5 muy grande en el centro, con la F más bonita que se haya visto nunca, pues la F, con la sencillez de sus ángulos, con la rectitud de sus tres líneas, representa uno de los sonidos más dulces, suaves y cálidos del mundo. La moneda estaba muy orgullosa de su F, y con razón.
Debajo rezaba la palabra BELGIQUE, acuñada en letras mayúsculas sobre una base curva, y más abajo aún, el año de su acuñación. En fin, una moneda cualquiera, con su belleza justa y para su justa utilidad.
La vida de las monedas es muy larga, es más, son inmortales, pues hay monedas que tienen más de 2.000 años de antigüedad.
Pero una vida puede ser larga, y una vida útil demasiado corta. Y tuvo que venir el Euro de nuestros desvelos a relegar nuestros francos de efes dulces y nuestras libras irlandesas de liras musicales y nuestras liras tremendamente largas de ceros y nuestros cinco duros parecidos a donuts, a simples recuerdos de nuestra visita a este país o el otro, guardados en cajitas de flores y en pastilleros, recuerdos olvidados.
Así que los 5 francos belgas se convirtieron de la noche a la mañana en una sosa moneda de 10 céntimos acompañada de tres miniaturas de cobre. Vale, voy corriendo a comprarme una nube de chuche y un caramelo de menta o un regaliz, aunque observo que da para menos esta vez, quizás media nube y un cuarto de regaliz.
Es lo que tiene el Euro, que nos ha jodido la vida un poco a todos.
No quiero que esa moneda de 5 francos belgas muera del todo, de ahí este cuento dedicado a ella.

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