Voy a compartir un secreto
Cuando la vida me agobia, me aplasta, cuando cada pensamiento es un vuelco al corazón, o siento vergüenza de mí misma por haber hecho o dicho algo, o remordimiento por no haber hecho o dicho algo, cuando todo duele, cuando el cuerpo no es más que la prolongación del dolor de la mente, cuando nada consuela, ni siquiera el bálsamo de mi hijo, cuando siento odio, cuando siento pena, cuando abro los ojos y es como si no los abriera porque todo es negro...
Entonces vuelvo a cerrar mis ojos y me imagino a mí misma sumergiéndome de cabeza en un mar infinito, azul oscuro, un piélago sin fin que lava a medida que avanzo mis miedos, mis fobias, mis inseguridades, mis vergüenzas, y me entrega de nuevo a la realidad limpia de todo, aunque sólo sea por un rato. Mis brazos juntos, abriendo el camino, mi piel recibiendo agradecida la frescura pura de ese agua que borra.
¡Y el caso es que ni siquiera sé tirarme al agua de cabeza y sin taparme la nariz!




metanoia dijo
Esa confusa intuición del infinito es la que nos salva de nosotros mismos y nos devuelve la esperanza y la energía para hacer frente a lo que nos anula y aplasta... Bueno, zambullirse en ese mar es refrescante, aunque no se sepa nadar demasiado bien.
Un saludo
14 Agosto 2011 | 08:50 PM